Hoy un domingo, el tercero, algo diferente a los anteriores dos, ayer desgaste mis sueños, por doce horas sobre la almohada, extendí mi cabello liso, lo acaricie antes de esparcirlo, recosté mi mejilla en la textura suave de esa tarde, cerré mis ojos, y mis pestañas se estremecieron al chocar con la arena que marca el tope de mis ojos salados, mis piernas largas se rosaban disfrutando mi sola suavidad, la música que solo yo entiendo y siento, me cubrió por completo junto con la penumbra de mi ventana, esa que tanto menciono, y que cuando deja pasar la poca luz que aun le sobra al día, difumina en nostalgia y paz las partículas lumínicas.
No recuerdo que soñé, ni a quien soñé, no recuerdo haber besado, o haber corrido por un campo, tampoco soñé estar en cuerpos que no eran míos, mucho menos soñé, ese sueño de hace años, en el que mi cuerpo era todo de elastina, y se estiraba tanto que media casi 8 metros, y me encontraba en el parque de Cobán, de lo grande que era temía aplastar a las personas que caminaba a mi lado, de pronto me encogía tanto, tanto, que temía que las personas me aplastaran con sus enormes tenis, tacones, o botas....
Entre las horas cadenciosas el mar pacifico de mis ojos, le habrían paso a la luz de la noche, pero pronto le ignoraban y volvían encapotar el océano cristalizado.
Esta mañana desperté diferente, sentí nuevamente mi cabello disperso por la almohada, encontré mis ganas de emprender el día, un día diferente, encontré sueños, deseos, deseos de sentir lo que me he prohibido a mi misma sin darme cuenta, es que hoy desde hace dos años, me he vuelto a sentir "rara", es la palabra que uso para describir que algo no esta bien, son mis deseos inconclusos, el que te hayas ido, y yo me sienta cursí, me siento loca, me siento fuera, divagando entre partículas de polvo, entre piedras de rio, hoy la inspiración vuelve a mí, me derroca la ciencia, me desmorona el presente, y acaricio lo digital del recuerdo, lo que nunca volví a sentir...

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